«Amar y hoy»

amar y hoy

Amar es un verbo que sólo debe conjugarse en presente
y con lentitud, con calma.
El amor se construye cada día, cada hora,
cada mañana tras despertar.
El amor no es un sueño,
no es algo que se tenga o se deje de tener:
es aquello que crece de dentro a fuera.

El amor, el de verdad,
no proyecta, no controla, no genera expectativas.
Se entrega día a día, en pequeñas dosis.
Se alimenta cada segundo con una sonrisa,
una palabra amable,
una mirada llena de comprensión.
El amor no entiende de propios y extraños.

El amor no nos pone por encima
ni por debajo de nadie,
no nos compromete más allá de nosotros mismos,
no tiene duración:
porque el amor, como el hoy,
sólo existe de verdad conjugado en presente.
Amar de verdad implica libertad y no cadenas,
da alas en lugar de agarrarlas,
no construye jaulas ni se somete.

Alguien me dijo una vez
que el primer y más grande amor que deberíamos tener
es el amor por nosotros mismos:
no el de las películas, los libros, las canciones.
No el amor de una madre, de un hijo, de una pareja.
Nos pasamos la vida confusos
persiguiendo algo que no es real,
que nos hemos inventado y que nos vuelve esclavos:
nunca se puede atrapar
aquello que corre detrás de uno.

Alguien me dijo una vez
que no se ama de verdad a otra persona
hasta que no se la deja marchar.
Amar implica saber renunciar llegado el momento,
ver volar hoy a quién ayer teníamos al lado.

Despedirse hoy es también amarse hoy,
desear el bien y procurarse el bien,
dejar que suceda lo que está llamado a ser.

Amarse y hoy siempre van de la mano,
Que nada ni nadie te impida recordarlo.

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Irene Z.

Mi compromiso con escribir sobre la verdad lo llevo en tinta en un costado. Como dijo Gandhi: «Si estás en lo cierto y lo sabes, di lo que piensas. Aunque seas una minoría de uno, la verdad sigue siendo la verdad».

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