«Bailando con las estaciones»

Vivimos intrínsecamente ligados a ciclos innumerables tanto internos como externos, seamos o no conscientes de ello. Identificarlos y sincronizar nuestro cuerpo a los ritmos de la tierra y del
cosmos, armoniza nuestra salud y estabiliza nuestros pensamientos y emociones. Es una forma de procurar estar sanos y vivir más conscientemente nuestras vidas.

«La creación del hombre procede del Qi de la tierra y el cielo, y obedece a la ley de las cuatro estaciones».
Su Wen, Canon de medicina interna del emperador amarillo. Capítulo 25.

La Tierra, el hogar en el que vivimos, danza por el espacio alrededor de una estrella ritmificante (nuestro Sol), y gracias a la inclinación de nuestro planeta sobre un eje imaginario y a la traslación alrededor del astro rey, se generan las cuatro estaciones. De la misma manera que en nuestro planeta encontramos diferentes ecosistemas basándonos en sus influencias climatológicas, e estructurales y nutricionales, nuestros órganos y sistemas internos, también presentan diversas afinidades o desventajas a determinadas características climatológicas, periodos estacionales, factores bioquímicos, estructurales y emocionales. Por ejemplo, hay órganos que son más afines a la energía cálida que a la fría o a la humedad que a la sequedad. Según esta relación, ciertos sistemas orgánicos son más activos en estaciones del año específicas, mientras que otros por el contrario entran en fases de descanso y limpieza, al igual que en la naturaleza.

De la misma forma que los ecosistemas y las estaciones están compensados polarmente en nuestra tierra, todo sistema interno tiene su compañero contrario, estas relaciones naturales sirven para estabilizar y preservar la armonía.

Te propongo antes de seguir leyendo, tomarnos un instante para hacer una pequeña visualización y contemplar el cuerpo humano desde una perspectiva diferente:

Cierra los ojos y respira profundamente por la nariz. Imagina tu cuerpo como si fuese el planeta Tierra. Quiero que veas tus órganos como continentes, y todas las conexiones y espacios que hay entre ellos como océanos. Observa los ríos que corren por nuestra tierra-cuerpo, las grutas y cavidades, los relieves en su firmamento, las montañas, los valles, los bosques y todos los seres que habitan en él. Todo ello forma nuestra piel, nuestra sangre, nuestros huesos, nuestros órganos y las diversas formas que en ellos habitan. En general nuestros sistemas orgánicos.

Lo primero que tenemos que tener claro antes de empezar, son las fechas de inicio y final de cada una de las estaciones, para relacionarlas de esta manera con los procesos que podamos estar viviendo en una determinada época del año.

Las antiguas culturas creen que los cambios estacionales no son cuando ya se han producido, sino en el momento en el que comienzan a desarrollarse. Según esta creencia la primavera comienza el 1 de febrero. En la cultura moderna se estableció que entramos en una estación en su punto más elevado a nivel energético (en el caso de la primavera sería el 21 de marzo), pero en esta fecha a nivel natural la primavera ya está modificándose paulatinamente hacia el verano, para el 1 de mayo realizar el cambio completamente a la energía ascendente de dicha estación. Para poder entenderlo, debemos tener presente que la energía no es estática, solo la fijamos para poder comprenderla, ya que está en constante movimiento. En Oriente la cultura tradicional china y la ayurvédica, en Europa el druidismo y en América las culturas nativas, como por ejemplo la andina, festejan los cambios energéticos que se producen en determinadas fechas del año y armonizan su cuerpo, sus pensamientos y emociones a este baile cíclico natural.

Inicio de estaciones Punto álgido Solsticios y Equinocios Finales de estaciones Energía Clima
Invierno 1 de noviembre 21 de diciembre 1 de febrero Yin Frío/Seco
Primavera 1 de febrero 21 de marzo 1 de mayo Yang Cálido/Húmedo
Verano 1 de mayo 21 de junio 1 de agosto Yang Cálido/Seco
Otoño 1 de agosto 21 de septiembre 1 de noviembre Yin Frío/Húmedo

 

El final del verano o el verano tardío

En esta época del año, dentro de la Medicina Tradicional China nos encontramos en el periodo del verano estival. Para esta cultura las estaciones se dividen en cinco, al igual que sus elementos. Cuatro más largas, que corresponden a nuestras estaciones, y una más corta que pertenece al elemento tierra (bazo/estómago). Este periodo es nombrado como el verano tardío, donde se entrelazan energéticamente el calor del verano y la creciente humedad del otoño. En la medicina tradicional china se trata de una estación corta pero intensa, donde la tierra ha dado ya sus frutos o Cosechas y ha alcanzado por lo tanto un estado de madurez.

Verano Estival Finales del verano Agosto/Septiembre Principios del otoño Yang decreciendo   Yin ascendiendo Cálido/Húmedo

 

En las culturas europeas el verano estival corresponde a la festividad de Lughnasadh, que se alza el 1 de agosto y desde donde comienza a aumentar más palpablemente la energía de otoño (elemento agua en Europa y metal en la cultura china). Es un momento del ciclo desde donde podemos comenzar a relajarnos y a disfrutar de los logros que hemos alcanzado a lo largo del año.

Abriéndonos al periodo de sombra que se encamina y penetrando poco a poco en la meditación, la limpieza y la transformación interna que otorgan los meses con menos luz. En esta época del año, la energía se mueve en una dirección descendente. Podríamos decir que se está recogiendo y centrando. Nos encontramos en un movimiento natural que permite realizar una transición suave desde la energía de expansión, dispersión y extroversión del verano, hacia su polo opuesto.

Con respecto a la alimentación en esta época, es el momento de empezar a calentar, calmar y estabilizar nuestro cuerpo, llevando su energía hacia el centro, dejando atrás los movimientos rápidos, expansivos y superficiales de la parte Yang del año. Por lo cual, es importante comenzar a evitar los alimentos más típicamente estivales como las frutas y verduras crudas, los zumos, las ensaladas y las bebidas frías ya que son productos que generan un efecto de apertura y enfriamiento del organismo para contrarrestar el calor del verano.

Ahora el frío interno que crea la alimentación de verano en nuestro cuerpo, se suma al frío ambiental, dando como resultado un exceso de energía Yin interna, que se regula y elimina en forma de diarreas, fatiga, desánimo y los típicos resfriados de comienzo del otoño. Es el momento de aprovechar los primeros descensos de temperatura para empezar a tomar sabrosas sopas, guisos y estofados. Debemos introducir platos más consistentes, con mayor carga nutricional y de carácter templado, que nos ayuden a centrar, reforzar y estabilizar nuestro organismo. En general, platos más calientes y ricos en nutrientes. De esta manera conseguiremos generar el centro y la fuerza necesarias para afrontar los meses fríos.

Para la medicina tradicional china, los alimentos de tonalidad amarillo-anaranjado o de sabor dulce equilibran el estómago, el bazo y el páncreas. Estos órganos, se ven afectados por la climatología específica de esta parte del año. Lancémonos por tanto a comer calabazas, boniatos y castañas, productos que tradicionalmente se preparan asados para extraer así su dulzor natural y contrarrestar la energía del verano tardío. Estos alimentos otorgan fuerza y calor, pero sin contraer o tensar demasiado el cuerpo, ya que su dulzor genera un efecto de bienestar y satisfacción muy armonizante. Estos órganos también se pueden tonificar y equilibrar con legumbres y cereales integrales como el mijo, el arroz, la avena o la quinoa, mezclados con verduras redondas como la cebolla, la coliflor o la remolacha.

A continuación te presento una receta para armonizarte con el verano estival.

Crema de calabaza y Jengibre

Ingredientes:
– 1 calabaza
– 1 cebolla
– 2 puerros
– 1 bulbo de hinojo
– 1 barra de apio
– 3 rodajas de Jengibre (con la piel)
* Especias: Pimienta blanca y una punta de cuchillo de nuez moscada y canela.

Preparación:
Lavamos las hortalizas y las salteamos un segundo para extraer todo su sabor con una cucharitas de aceite de oliva.
Introducimos agua hasta cubrirlas y las dejamos a fuego lento durante una hora.
Una vez transcurrido el tiempo de cocción, se puede retirar el jengibre antes de pasarlo a crema, si por el contrario nos gusta el sabor picante que caracteriza al jengibre podríamos dejarlo.
Tomar todos los días una taza quince minutos antes de cenar durante 21 días.

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Francisco Garrote Marion

Contacta con el autor por teléfono en el 917273480 o +34628982877 o por email en clinicaquiromtc@gmail.com
Titulado Superior en Medicina Tradicional China. Mi intención es difundir las medicinas milenarias que desarrollaron hombres y mujeres por medio de la observación del universo y de ellos mismos, compartiendo métodos de tratamiento, ejercicios y reflexiones que nos ayuden a emprender este viaje de unión, tanto a nivel físico como espiritual.

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