CAMBIO O ESTANCAMIENTO, TÚ ELIGES

¿Alguna vez has sentido el susurro de una voz dentro de ti que te dice que es tiempo de cambiar?  Me refiero a una especie de voz silenciosa que se manifiesta y te hace darte cuenta de que ya no te sirve ser ni actuar, como hasta el momento lo has hecho.

¡Qué desconcertarte parece sentir esta especie de revelación interna, que sin saber cómo ni por qué, te hace plantarte ante ti mismo-a! Suena extraño, ¿verdad? Suena un tanto increíble que uno-a pueda sentir que dentro de sí, emana una sensación de tener que plantarse y comenzar su propio cambio, su propia transformación y más aún, cuando continuamente oyes frases del tipo «no cambies nunca», “«sigue siendo como eres».

Sí, sé que es tremendamente desconcertarte sentir que debes cambiar, cuando todo parece inducirnos a que sigamos siendo como somos. La cuestión es que a mí, esta voz interior me atrapó cuando menos lo esperaba. Francamente, al principio, cuando sentí este impulso sobre mi necesidad de cambiar, me invadió cierta sensación de vértigo, no tenía ni idea de cómo comenzar, sólo tenía la certeza de que debía hacer caso a esa especie de intuición extraña. Pero claro, para ser sincera, estaba muy acostumbrada a ese modo particular de ser, que desde bien pequeña, me había acompañado; estaba tan apegada a este disfraz hecho a mi medida y a esta especie de traje personalizado que ahora, de repente, soltarlo y desprenderme, me generaba cierta confusión.

Llevaba reproduciendo tantos patrones automáticos durante tantos años, que aún sintiendo que debía dejarlos ir, parecía que de hacerlo me quedaría vacía. Honestamente te digo que canalizar esta sensación no me resultó nada fácil, aunque por otro lado, cierto es que sentía una sensación de alivio placentero. Mis sentimientos se confrontaban, por un lado, me apegaba a la seguridad de lo que ya dominaba, pero por otro lado, intuía que era el momento necesario para aventurarme hacia el cambio. Imagínate el vértigo.

Aún recuerdo con nitidez cuando esa novedosa sensación llegó a mí y sentí que mis planes se derrumbaban, que todo lo que había sido y creído, ya no tenía razón de ser. Fue como sentir una especie de paréntesis enorme en mi vida, un parón para renacer de nuevo, como una especie de segunda oportunidad para desprenderme de antiguos patrones. Si, lo sé, sigue sonando extraño, pero créeme si te digo que fue así. Esta necesidad de cambio me atrapó y me absorbió de lleno.

Bendita necesidad, menos mal que llegó para hacerme despertar y darme cuenta que yo misma era la que me estaba paralizando y boicoteando, que yo misma era la que estaba reproduciendo una espiral de actitudes y comportamientos que me generaban sufrimiento.

Algo en mí, cambió de un plumazo, cuando vi con claridad, que era yo la que estaba equivocada, que era yo la que no veía detrás de mi propia ignorancia, pero la vida me regaló una nueva oportunidad y me permitió descubrir que toda plenitud personal se consigue, si eliges el camino del cambio. Aquí entendí que durante años permanecí estática, viviendo mi vida a medias, creyendo que eran muchos-as los me hacían daño, creyéndome una pobre niña indefensa, cuando en realidad, fui yo misma la que se generó el mayor daño.

La vida me hizo entender que necesitaba cambiar y romper con patrones, clichés, prejuicios, actitudes, comportamientos y creencias que había interiorizado y que tantísimo daño me estaban generando. Debía permitirme un espacio para de-construir todo lo que había automatizado. Ya no habían culpables de mi malestar, era yo misma la que debía aprender a afrontar las adversidades caminando de mi mano, cambiando mis esquemas mentales y reconociendo mis actitudes y comportamientos erróneos.

Sólo es cuestión de tiempo, pero si estás atento-a descubrirás que el cambio interno es el fin último al que debiéramos aspirar. Si no hay cuestionamiento, no hay cambio y sin cambio, no hay evolución posible.

Ahora con perspectiva, cuando observo con detenimiento nuestra sociedad, me percato de la asunción generalizada que hemos interiorizado de que parece que venimos a esta vida con “los deberes hechos”, como si viniésemos siendo grandiosas personas que no necesitamos cuestionarnos ni plantarnos ante nosotros-as mismos-as, como si no tuviésemos el deber de progresar y evolucionar. Es curioso la de tópicos limitantes a los que estamos expuestos-as en esta sociedad que no se cuestiona.

Desde mi experiencia personal te animo a que no te estanques, no te creas que no debes superarte y transformarte internamente, es mentira si consideras que nada en ti merece ser transformado, todos los seres humanos deberíamos cuestionarnos para comenzar el cambio. Si lo haces, descubrirás que el cambio es el mejor regalo que puedes hacerte a ti mismo-a.

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Alicia A

Como Psicóloga especializada en Investigación e Intervención Psicosocial siento un enorme deseo por promover y favorecer la justicia social, formar parte de la construcción de un modelo social que proteja y ampare, que busque el bienestar común.

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