Carta abierta a todas las mujeres y hombres que la quieran leer

Hoy, 8 de marzo, día de la mujer, siento el impulso de sentarme ante el ordenador y enviar esta carta abierta a todas las mujeres y hombres que la quieran leer.
Hoy es día de manifestación y de huelga general, hoy es un gran día para hacernos oír alto y claro, pero mañana, también lo debería de ser.

Nací en una ciudad, me crié en una familia normal y corriente, con un padre, una madre y hermanos. Mirando atrás, y reflexionando sobre mi educación, me doy cuenta de que se me trató de transmitir en la medida en que mis padres eran conscientes, que debía ser independiente económicamente para ser libre, pero en otras muchas áreas, no se me educó en igualdad. Y no les juzgo por ello, trataron de hacerlo lo mejor que sabían, como a ellos les habían enseñado y yo, elegí aprenderlo.

Aprendí a ser independiente económicamente, pero inconscientemente, también aprendí, sin pararme a reflexionar, que debía ir siempre arreglada, guapa, mostrando y demostrando mi feminidad. Aprendí que el hecho de que un hombre te piropeara o mirara con deseo era bueno, porque gustabas, y eso te habría las puertas a encontrar a un príncipe azul, poder casarte, y tener una familia. Sólo así, sería feliz. O al menos, así permití que se me adoctrinara desde la sociedad. Así que, desde mi ignorancia y creyendo a pies puntillas lo que veía, me puse manos a la obra a tratar de reproducir este modelo.

Al tratar de llevarlo cabo, viví muchísimas experiencias, y además, muy dolorosas. Tratando de buscar el ideal de mujer que se nos vendía y que a día de hoy, se sigue vendiendo en la sociedad, sufrí.
Sufrí  porque ansiaba que me quisieran.
Sufrí porque tenía que estar en todo momento perfecta, y suponía un gran esfuerzo diario.
Sufrí cuando me rechazaban.
Sufrí cuando no me miraban.
Sufrí porque acepté el modelo social y permití que me ultrajaran.
Sufrí porque permití que se abusara de mi en múltiples áreas.
Sufrí porque «se me pasaba el arroz».
Sufrí, porque las fantasías de vida feliz que me había creado basándome en los estereotipos sociales no se cumplían y no lograba alcanzarlos a tiempo.
Sufrí, porque fui yo la primer machista adoptando creencias erróneas sobre como debía ser una mujer.
Sufrí, porque luchaba en batalla contra otras mujeres en lugar de aliarme con ellas.
Sufrí, porque al no respetarme a mí misma, no me respetaban.
Sufrí, porque en definitiva, no me quería.

Sufrí, sufrí y sufrí, hasta que me cansé y tuve la suerte de encontrarme con otra mujer que me hizo abrir los ojos y darme cuenta del gran error.

Y entonces, un día, decidí sentarme conmigo y reflexionar, asumir y sentir el dolor que genera ser consciente de que todo lo que te ha ocurrido, es porque tú lo has permitido. Asumir que estaba equivocada, reconocerme en el machismo, y aceptar que no puedo responsabilizar a nadie de todo lo que me había ocurrido.

Lo que sí puedo, es cambiar y ayudar a que otras mujeres se den cuenta y también, si quieren, cambien.

Llevo años luchando por mi libertad. Y esa lucha, ese trabajo diario, comienza conmigo misma: desaprender todo lo aprendido, desmontar todas las creencias para poder resetear e instalar las nuevas. Debo de ser sincera, tengo que estar muy pendiente de mi, observarme en comportamientos y pensamientos, porque la lacra aprendida está muy arraigada y debo estar atenta para no volver a cometer errores contra mi. Mas te diré, compañera, que sé que cual flor de loto, día a día, y poquito a poco, renaceré y saldré del lodo.

Hace tiempo que observo en mi que no deseo que me miren, ya no me pinto, ya no necesito ni ser ni estar perfecta. ¡Mis ojeras, son perfectas!
Hoy busco mi comodidad, no la comodidad en los ojos de otros.
Hoy, huyo de las miradas, y solo me quiero gustar a mi.
Hoy solo quiero ser una mujer libre.

Me duele ver a hermanas y compañeras viviendo en el mismo error que yo viví.
Me duele que se nos juzgue por ser mujeres, que nos violen, que nos maltraten, que nos insulten, que nos menosprecien, que nos estigmaticen.
Me duele salir cuando anochece y tener que ir mirando con cuidado para que no me ocurra nada.

Me duele tanto…

Deseo que la sociedad cambie, que el mundo entero tome conciencia del error en creencias y promueva la igualdad. Pero para eso, todas debemos unirnos y caminar de la mano.

Y también necesitamos que vosotros, los hombres, nos ayudéis. Es imprescindible vuestra colaboración, vuestro respeto, vuestra voluntad y acción. No tengáis miedo a que seamos libres. Nosotras, las mujeres, como bien hemos demostrado con hechos, somos referentes en el amor, y el amor no desea el mal a nadie, el amor desea la igualdad, la libertad, el respeto.

¿Cómo va a haceros daño una mujer libre? Nosotras deseamos desde lo más profundo de nuestro corazón vuestro bienestar. Permitirnos demostrarlo, acompañarnos en el camino, abrirnos las puertas y el mundo irá mejor.

Que hoy sea un referente mundial en la historia, y que mañana no nos olvidemos del camino. Trabajemos a diario en la educación de las niñas y niños para entre todos, construir un mundo mejor.

Hoy, secundo la huelga y me manifiesto por todas las mujeres que en la historia han luchado para que yo un día pudiera darme cuenta de mi error; por todas las que aún están en él, por las que tienen miedo, por las que están cubriendo servicios mínimos, por las niñas que están siendo entregadas a cambio de dinero o ganado, por las mujeres enfermas que requieren de reposo, por mi madre, por la tuya, por todas las mujeres del mundo, y por mí. Porque si yo no me respeto y lucho por mis ideales y principios, nadie lo va a hacer.

Nos vemos en las calles.

Firmado: lectora y orgullosa de ser mujer.

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