«El adulto que hay en ti»

El adulto que hay en ti, Natalia Sánchez, el camino interior, crecimiento personal, EHD magazine

Todos tenemos energía masculina y femenina, independientemente de si se es hombre o mujer. Lograr desarrollar e integrar ambas es esencial para ser adultos centrados, en equilibrio, con la capacidad de emplear indistintamente cualquiera de estas cualidades, según las circunstancias. Ambos principios son básicos y complementarios; no obstante, las mujeres poseen más energía femenina, y los hombres, más energía masculina.

Algunas características del principio femenino son:
· Guía en la emoción
· Capacidad de espera
· Receptividad
· Flexibilidad
· Percepción del conjunto
· Intuición
· Síntesis

El principio masculino destaca por:
· Guía en la acción
· Iniciativa
· Emisión
· Fuerza
· Percepción de la individualidad
· Pensamiento lógico racional
· Análisis

En el proceso de autoconocimiento es fundamental explorar la relación con los padres para entender cuál es nuestro modelo masculino y femenino internos.

La relación con la madre es la más significativa en nuestra vida, la base sobre la que se construyen todas las demás relaciones.

Durante nueve meses somos uno con la madre, nos alimentamos de ella y sus pensamientos y emociones, traducidos en hormonas, influyen en nuestro desarrollo. Tras el parto seguimos estrechamente ligados a ella el tiempo que dura la lactancia.

La madre es esencial en la supervivencia, nos nutre, nos da amor, ternura… El padre está más relacionado (que No exclusivamente) con la protección, la seguridad, la autoridad… La madre será el modelo femenino a seguir para la hija, la forma de ser mujer y de ser madre, bien por identificación o por rechazo. El padre será el proveedor de la energía masculina y condicionará la elección de la futura pareja, por similitud o por oposición.

Para el hombre, la madre será el referente de mujer por el que sentirá atracción o rechazo. Y el padre representará su modelo de ser hombre. A veces la hija hace alianza con el padre, y rechaza a la madre, entonces se llenará de masculinidad y rivalizará con otras mujeres, tendrá dificultades para encontrar una pareja estable…
Puede que se quede anclada a la madre, sin tomar del padre, entonces será una mujer niña que buscará un padre no un compañero…
Cuando el hijo se queda al lado de la madre, permanece niño o adolescente, será un eterno seductor o buscará otras madres pero no será un hombre adulto…

La cuestión es hacer el recorrido completo, asimilar de uno y de otro, e identificarse con el progenitor del mismo sexo.

También puede ocurrir que el hijo/a haya tenido que asumir el papel de padre o madre de alguno de sus progenitores, y esto significa una inversión en el orden natural del sistema familiar. Lo sano y deseable es ocupar el lugar de hijo.

A veces se mezcla todo esto y más…

Estos movimientos son inconscientes, por ello necesitamos en primer lugar observar nuestra historia, reconocer nuestras heridas y ocuparnos de ellas. Antes o después, y cuanto antes mejor
hemos de perdonar, agradecer y valorar lo que nuestros padres han hecho por nosotros. Cuando rechazamos lo que ellos nos dieron estamos negando nuestros orígenes, y por ende a nosotros mismos. Cuando uno no acepta a sus padres, en especial a la madre, no puede amarse ni aceptarse a sí mismo.

No es posible decir: «esto lo tomo» y «esto lo dejo». Mientras sigamos haciendo reproches y esperando algo de ellos no podremos recibir aquello que los padres Sí nos dieron. Y el niño interior continuará lastimado, resistiéndose a convertirse en un adulto. Nuestra experiencia, nuestro legado, nos hace únicos. Y aquellas heridas nos permitieron desarrollar cualidades que nos definen.

Para integrar lo masculino y lo femenino es necesario aceptar al padre y a la madre por igual. Y como adultos que somos/queremos ser, debemos hacernos cargo de nosotros mismos, ser nuestros propios padre y madre internos. Desde esa posición es más fácil perdonar, aceptar y valorar a nuestros padres, por igual.

Los adultos asumen la responsabilidad de sus vidas, no culpan a su infancia o a los demás. Tienen claros sus ideales, sus objetivos, pero son flexibles y fluidos, están abiertos al cambio. Son sinceros y se respetan a sí mismos y a los demás. Persiguen sus propios sueños y crean activamente su futuro. Se comportan con integridad, no tratan de imponer su punto de vista. Los adultos se
divierten…

Sobre la autora:
Natalia Sánchez
Psicóloga y psicoterapeuta en Psintropía. Acompañamiento a las personas en sus propios procesos de autoconocimiento y asunción de responsabilidad en la vida.
656 831 328
n.sanchez@cop.es
psintropia.blogspot.com.es

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