El Mito del Amor Romántico

 

Al igual que la última vez que escribí, hoy también deseo hacerte llegar un mensaje que para mí, es decisivo en nuestro camino de empoderamiento femenino.

Quizá, en alguna ocasión hayas oído hablar de lo que se denomina el “Mito de Amor Romántico”, o quizá, puede ser que ésta sea la primera vez que oyes hablar de ello. Fuere como fuere, hoy he venido a contarte más sobre este asunto. Deseo que te sirva tanto como a mí me sirvió.

Nuestra identidad femenina está influenciada por nuestro sistema sociocultural. Esto significa que nuestra cultura y las creencias culturales que nos vienen dadas, nos limitan. Te explicaré más.

Resulta que a lo largo de toda nuestra existencia, estamos expuestas a un sinfín de creencias culturales. Sin embargo, a diferencia de lo que puede pensarse, estas creencias no son neutras, bajo ningún concepto lo son. Muchas de ellas tienen efectos negativos en nuestras identidades femeninas. En numerosas ocasiones, lo que suele suceder es que estas creencias que asumimos sin cuestionamiento previo, nos van moldeando. Tanto es así que acabamos por desarrollar comportamientos y actitudes perjudiciales que tienen su base en estas creencias que habíamos considerado como válidas.
Llegado a este punto, tal vez te estés preguntando “qué tiene que ver lo que me estás contando acerca de las creencias culturales limitantes con el Mito de Amor Romántico”. Pues bien, aunque no lo parezca a simple vista, está muy relacionado con lo que te cuento. Mucho no, muchísimo. Retomando de nuevo la idea sobre las creencias culturales limitantes que nos vienen dadas y que asumimos como ciertas, nos encontramos la más que presente creencia sobre la supuesta necesidad que todas las mujeres tenemos de tener, como no, una pareja que nos proteja y nos salve –un príncipe azul como a las películas de Disney le gusta llamar-.

Así es. Sucede que desde bien pequeñas nosotras, las mujeres, hemos recibido innumerables influencias externas que nos dicen, de forma reiterada y cada vez menos sutil, que necesitamos a una pareja, a una persona que actúe como cuidador y protector siendo, esta pareja, la parte que nos faltaba para sentirnos completas.

Es justamente la creencia que aquí expone lo que se denomina, desde el ámbito de la Psicología Social y del estudio de Género, como Mito de Amor Romántico: un continuo de creencias culturales limitantes entorno a la más que equivocada asunción de que nosotras necesitamos de una pareja para completarnos. Una pareja que venga a recordarnos que somos válidas y valiosas, como si nosotras no pudiéramos hacer esta labor de reconocimiento por nosotras mismas. Además, cabe resaltar que la creencia del Mito de Amor Romántico también es perjudicial y limitante para los propios hombres, porque a ellos se les impone la supuesta responsabilidad de tener que salvarnos. Si bien ellos tiene que hacerse cargo de sí mismos, encima deben cargar con nosotras, como si nosotras fuéramos entes pasivos y ellos fuesen algo así como súper hombres. Capacitados para protegerse a sí mismos y a nosotras. Menuda carga innecesaria.  

Sé, que a veces, nos puede costar reconocernos a nosotras mismas en ese rol de eternas ilusas creyendo que necesitamos al grandioso príncipe azul para que nos proporcione ese amor que tanto ansiamos. Sé que verse a una misma en ese papel no es del todo agradable, pero también sé que reconocer la activación de esta creencia es liberador porque te hace consciente y cuando tomas consciencia, el proceso y la fase de cambio se abre por sí misma. Si no hay toma de consciencia, no hay cambio posible.

Ahora te pido que seas sincera y que respondas a esta pregunta, ¿alguna vez pensaste que existía esa pareja que viene a ser como esa parte que te completaría, y que cubriría esa falta que sentías; esa parte que vendría a manifestar ese amor que tanto anhelabas y ansiabas?

Tal vez no te hayas visto envuelta en esta falsa creencia o en esta falsa sensación de incompletud propia. De ser así, me alegro. De veras que sí. Sin embargo, estoy segura que muchas de nosotras nos hemos creído este cuento. Segura estoy que somos demasiadas las que hemos asumido sin cuestionamiento, este tipo de creencias que nos hacen colocarnos en un lugar pasivo y cuando digo pasivo es porque parece que debíamos esperar a que viniese nuestra parte perfecta para sentir esa plenitud y ese amor tan deseado.

Ahora bien, sé que por instinto podemos sentir que hemos sido engañadas, estafadas por ser dianas perfectas de estas falsas creencias, pero os digo que la conclusión final o la moraleja, según quieras llamarlo, no es culpar a quién nos contó el cuento, aunque cierto es que se podrían haber ahorrado este falso sermón.

Aún así, culpas a un lado. Y digo a parte porque si das un paso atrás y te percatas, puedes darte cuenta que la lectura real es que nosotras, pese al cuento que nos contaron o nos puedan contar, no debemos nunca delegar la responsabilidad de hacernos cargo de nosotras mismas y es que rápidamente aceptamos el camino fácil de creer que será otra persona la que me ayudará en este camino de autorresponsabilidad y autocuidado. Pues no. Este cometido es tuyo propio, eres tú misma la única que debe hacerse cargo de sí misma y de su vida.

Tú eres la encargada de hacer de tu vida un camino de progreso o bien, un camino de sufrimiento, sólo depende de la relación que mantienes contigo misma. Independientemente de los cuentos de Amor Romántico que nos han contado, nosotras tenemos que abrir nuestra mirada para dejar atrás la idea de que alguien nos salvará, nos completará, nos llenará.

Si asumimos que fuera está nuestra otra mitad esperándonos, nos olvidamos de hacer el trabajo tan sumamente decisivo que hemos venido a realizar y es el de aprender a amarnos a nosotras mismas, por nosotras mismas.  Porque si no hay amor propio, te aseguro que las relaciones se tornan complicadas, y esto sucede debido a que entra en juego la dependencia emocional, el apego, los celos, la inseguridad, etc. Seguro que eres capaz de imaginar el cóctel que puede darse.

Sé que muchas podréis pensar que una cosa no es excluyente de la otra, que podemos amarnos a nosotras y tener pareja. Es cierto, no tiene por qué serlo.

Ahora bien, si caemos en asumir y considerar que tener pareja es la parte esencial para que mi plenitud personal se dé, caemos en un terreno que nos puede conducir hacia un abismo, quizá no a corto plazo, pero si a largo plazo.

Y es que me encantaría que aprendieras, tal y como yo aprendí, que la única responsable de tu equilibrio personal, de tu amor y de ti misma, eres tú. No debieras delegar este cometido a nadie, no le pertenece a tu pareja hacerlo, no es su responsabilidad, no responsabilices a otros con tu propio cometido. De hacerlo, estás cayendo en la espiral que te llevará al apego, a la dependencia emocional y por tanto, a relaciones desprovistas de amor real.

Ninguna relación que mantengas será sana si no comienzas primero por aprender a respetarte y a amarte a ti misma.  Si no existe este paso previo podrás entablar e iniciar relaciones afectivas, pero créeme si te digo, que serán relaciones sustentadas en la necesidad, y no, en el amor. No olvides que el amor y la necesidad son cuestiones muy diferentes.

Te invito a que reflexiones y medites sobre lo que hemos hablado. A lo mejor te sorprendes a ti misma reconociéndote en un rol que ya no quieres seguir reproduciendo. De ser así, cambia, continúa y avanza. Sé que puedes hacerlo.

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Alicia A

Como Psicóloga especializada en Investigación e Intervención Psicosocial siento un enorme deseo por promover y favorecer la justicia social, formar parte de la construcción de un modelo social que proteja y ampare, que busque el bienestar común.

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