«La destrucción del Estado del Bienestar»

La destrucción del estado de bienestar

Nuestra sociedad actual se aleja cada vez más, de lo que en su día denominábamos Estado del Bienestar. Hoy, nuestro presente nos revela un modelo social desprovisto de todo bienestar.

Para ilustrar esta idea sobre la deriva actual de nuestro sistema social, quisiéramos aludir primero a una cuestión que nos puede servir de base. Para ello, tomaremos como referente a Vicenç Navarro, autor del libro Subdesarrollo social de España. Así, sus palabras nos permitirán colocarnos en un punto de partida sumamente esclarecedor para comprender asuntos que hoy, hemos decidido abordar.
Tal y como alude este autor, -académico experto en estudios sociales-, a nivel mediático, los medios de información han contribuido a generar una visión sustentada en el excesivo Estado del Bienestar. Lo que implica que en España, se haya creído que el escaso crecimiento económico y el elevado desempleo, sea consecuencia directa de este exceso. Es decir, que nuestro panorama actual no es más que la consecuencia directa del derroche realizado, de los excesos de un sistema que protegía demasiado al ciudadano/a. Pretexto que indiscutiblemente, sirve para promover la necesidad de implantar medidas de austeridad, medidas que traten de compensar los excesos. Así, bajo esta lógica, se abría un nuevo escenario en el que la única solución factible, frente al escenario de crisis, parecía ser la implantación de medidas de austeridad.

EE.UU. fue el referente de éxito al que muchos de nuestros líderes europeos decidieron seguir, un país que se caracteriza por presentar un alto crecimiento económico, un bajo desempleo, una gran austeridad social (gasto social como porcentaje de sus PIB muy reducido) y una gran desregulación de sus mercados laborales. Pero lo que estos líderes no quisieron recalcar es que EE.UU. también es un país sumamente capitalista e individualista, un país abocado a la supervivencia individual sin amparo social. Es el ejemplo claro de la ausencia de Estado de Bienestar.
Sin embargo, parece que esta última característica fue irrelevante, invisible para quienes se disponían a manipular nuestro modelo de sociedad. El objetivo estaba claro, «los ciudadanos/as debíamos hacer un esfuerzo, debíamos resignarnos por los abusos cometidos. Quien se excede de inicio, después tiene que pasar una época de deficiencias, de ausencias». Era entonces el momento de asumir como normal, la pobreza. Y no solo hablamos de pobreza económica, que también, sino la pobreza humana, pobreza en todos los niveles.

Pero el tiempo, sabio y paciente, siempre muestra la verdad. La verdad siempre reluce aunque se quiera ocultar, por eso hoy estamos aquí. Por eso hoy la verdad vuelve a mostrarse por sí misma. Ella siempre llega, nunca se olvida de salir.

Las medidas de austeridad, medidas que muchos/as intuíamos como tapaderas de la malversación de algunos de nuestros líderes, nos han mostrado que una sociedad no prosperará si en lugar de fomentar riqueza, crea pobreza. Para que haya evolución social se necesita crear posibilidades. Y estas posibilidades llegan por ejemplo, y entre otras muchas cuestiones, cuando apostamos por la inserción laboral de nuestros jóvenes, cuando creamos posibilidades para que ellos/as, tan preparados y capaces, puedan sentirse partícipes y parte activa de la evolución de su país. Jóvenes que necesitan ir superando etapas siendo necesario y sobre todo, justo, recibir una remuneración digna, un salario que les permita volar libres, elegir su propio camino, construir su propio destino sin necesidad de permanecer bajo el regazo de padres o familiares que les ayuden económicamente.

¿Hasta cuándo nuestros jóvenes van a tener que ser eternos adolescentes? ¿Hasta cuándo nuestro jóvenes van a tener que soportar la resignación? ¿Hasta cuándo nuestros jóvenes seguirán viendo mermada su autoestima por creer que no hay lugar para ellos/as? ¿Hasta cuándo nuestros jóvenes seguirán realizando trabajos no cualificados a pesar de estar más cualificados que muchos de los dirigentes de nuestra sociedad? ¿Hasta cuándo nuestros jóvenes van a tener que seguir emigrando a otros países a fin de construirse un futuro digno? ¿Hasta cuándo vamos a fomentar la fuga de cerebros? ¿Cuándo se va a revertir la lógica impuesta y vamos, de una vez, a cuidarnos los unos a los otros?

Dejemos de asumir medidas que incluyan la reducción del déficit público, el recorte de prestaciones sanitarias, abaratar el despido, alargar la edad de jubilación, recortar pensiones. Levantémonos y despertemos, es tiempo de crear una sociedad donde el bien común impere.

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Alicia A

Como Psicóloga especializada en Investigación e Intervención Psicosocial siento un enorme deseo por promover y favorecer la justicia social, formar parte de la construcción de un modelo social que proteja y ampare, que busque el bienestar común.

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