«Manual de Tolerancia (lamentablemente basado en hechos reales)»

manual de tolerancia

 

Queridos padres, hermanos, amigos:

           Desde el día que llegué a este mundo, os conozco. Me conocéis. Con vosotros dormí seguro, comí seguro, jugué, experimenté. Descubrí los animales de compañía, los coches, los semáforos. Descubrí el mar.
          ¿Recordáis el primer día en aquella playa llena de gente? Yo estaba con mi flotador, en el agua, y me daba miedo no verme los pies. Y me cogisteis de la mano y me dejasteis experimentar cómo flotar, cómo dormirme acunado por las olas, cómo no tragarme el agua con las olas. Y me untasteis con crema de factor 50, para que el sol no quemara mi piel blanca. Comí arroz con marisco, y os reísteis con mi cara cuando me empeñé en probar el limón directamente de la fruta.
          Yo recuerdo el primer día de colegio, los complicadísimos deberes de matemáticas (aún a día de hoy me lo siguen pareciendo… ¡imagina!). Mi primera pelea con mis compañeros, esperaros acongojado en el despacho de la directora para que luego no pasara nada, porque «son cosas de niños». Pero no eran cosas de niños, eran cosas de mayores, reflejadas en los niños… Supongo que era demasiado pronto.
     Recuerdo cuando empecé la universidad, rebelde, con mi cazadora de cuero recién comprada, y vosotros me mirabais con orgullo y a la vez algo de pena, porque estaba «volando del nido». Y yo me desvivía intentando explicaros que, viviendo en España, del nido no iba a poder volar hasta más allá de los 45. Recuerdo cómo papá decía que de eso ni hablar, y nos reíamos mucho.
      Recuerdo aquellas noches llegando a casa muy borracho después de salir de fiesta por sitios que yo sabía que no eran de vuestro agrado. Recuerdo a mamá oliendo mi ropa al día siguiente para descubrir si había fumado o no había fumado, y qué había fumado. Recuerdo el cocido de los domingos, mucho más rico con tomate y una verdadera cura para la resaca.
     Recuerdo el día que, hecho un manojo de nervios, os senté en el sofá a contaros algo que era muy importante para mí. Recuerdo cómo tenía la confianza, la certeza, de que aquellos que me habían visto nacer, los que me enseñaron que las medusas no son para jugar y que el helado después de comer sienta mejor que antes, iban a apoyarme e iban a darme su confianza y todo el amor.
       Recuerdo vuestros gritos, vuestras palabras hirientes, vuestros golpes, las maletas a todo correr y las lágrimas que empañaban mi visión mientras esperaba al autobús en una fría noche de noviembre sin tener donde ir. Recuerdo las puertas que se me cerraron de todos aquellos que se identificaban como mis amigos después de vuestra llamada de teléfono. Recuerdo las miradas de desaprobación, de lástima, de asco. Y todo por no amar lo mismo que vosotros.
    Es increíble la cantidad de recuerdos que se pueden tener mientras el asfalto se acerca a gran velocidad. Y es que, en tus últimos diez segundos de vida, puedes recordarlo todo, antes de sentirte en paz. 

                  Siempre vuestro,

                  Un joven homosexual víctima de vuestra intolerancia.

Cada muestra de desprecio, lástima, compasión o pena es una daga que provoca una herida. Ya sean autobuses naranjas, chistes, comentarios, bromas o pleno acoso escolar, el apoyo, la comprensión, la sonrisa, la solidaridad y la empatía son la mejor defensa.
Las agresiones físicas, verbales, psicológicas, que tiene que sufrir un adolescente, una joven, una persona LGTB diariamente llevan a tener pensamientos suicidas hasta el punto que el suicidio se ha convertido en la segunda causa de muerte de las personas entre 10 y 24 años. El Observatorio Español contra la LGBTfobia explica el aumento sustancial en los últimos 50 años de la tasa de suicidios, entre tres y cinco veces más numerosos que otros jóvenes. Una media de 50 personas LGTB entre 10 y 35 años se quitan la vida cada año por la ignorancia, el odio, la incomprensión y la falta de tolerancia y empatía. Una media de 1000 jóvenes LGTB lo piensa, lo ha pensado, y lo pensará si no hacemos algo al respecto. (Fuente: http://www.stoplgbtfobia.org/)

¡No te quedes parad@ … actúa!

http://www.stoplgbtfobia.org/

Creemos inclusión, no desigualdad. Generemos confort, no aislamiento. Compartamos, no dividamos.

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Luis J

Traductor. Formador. Pianista en mis ratos libres. Tengo mucho que decir y poco que callar. En la vida hay que ser más hombre y menos gallina; esa no es la pluma que hay que tener.

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