Asociación Camino a la Solidaridad en Perú

Asociación camino a la solidaridad Perú

Hoy compartimos un texto escrito por Sol García Zato, colaboradora y coordinadora de comunicación de la Asociación Camino a la Solidaridad en Perú.

«Mi mamá es quien me cuida y me da cariño, no necesariamente quien me trajo al mundo». Así expresaba una de las adolescentes del albergue de Camino a la Solidaridad su sentir respecto a la historia de su vida.
Las familias de los albergados apenas vienen a visitarlos, la mayoría no aporta ninguna ayuda económica para el sustento de sus hijas y en muchos casos ni siquiera llaman por teléfono para preguntar por ellas. Esta es la realidad de casi todas las menores que viven en el albergue de Camino a la Solidaridad, han sido abandonadas por sus familias y ellas lo saben.
A este abandono familiar se suma el abandono de las autoridades peruanas. El albergue no recibe ningún tipo de ayuda ni subvención gubernamental. Recientemente visitamos el Instituto de la Mujer en Lima y nos explicaron que no disponen de fondos para apoyar a entidades privadas. Una respuesta curiosa porque desde los juzgados de familia nos llaman a menudo solicitando plaza para que acojamos a las madres adolescentes que el Instituto de la Mujer no puede atender. Así que en realidad albergamos y cuidamos a las adolescentes que debe proteger este instituto pero no somos aptos para recibir sus ayudas. Esta es una de las muchas paradojas de las autoridades en este país.
Sin embargo, ni ésta ni otras muchas dificultades, lograron desanimar a Santiago Ibáñez en su empeño de construir un Hogar donde madres adolescentes y bebés crecieran sanos, seguros y felices en un entorno familiar.
La asociación llegó a Chincha hace más de 10 años con el objetivo de mejorar las condiciones de vida del asentamiento humano de Condorillo Alto.
Durante 40 años más de 1.000 personas vivieron entre polvo y casas de adobe sin luz, sin escuela y sin servicios sanitarios. Gracias a los esfuerzos y al tesón de Santiago Ibáñez, fundador de la ONG, hoy Condorillo Alto tiene red eléctrica, un colegio y un centro de salud. El siguiente paso fue crear la casa
de acogida para ofrecer un hogar a madres adolescentes y a niños en estado de abandono. La maternidad entre las adolescentes, sobre todo en las zonas más pobres, es muy frecuente en Perú. En los casos de abusos sexuales estos suelen darse en el seno familiar y cuando se quedan embarazadas son repudiadas por su propia familia, por lo que las menores quedan en una situación de desamparo total y
completamente desprotegidas a todos los niveles.
El albergue les ofrece un hogar seguro, posibilita que sigan con sus estudios y trata de sanar sus heridas de la infancia. Durante los años que pasan en la casa de acogida adquieren herramientas personales y profesionales para que cuando sean de verdad mayores tengan la oportunidad de disfrutar de una
vida plena y puedan volar alto liberadas de las cadenas del abuso y del maltrato.
La directora y las tutoras del albergue llevan a cabo una labor de titanes. Por una parte han de administrar los escasos recursos económicos que llegan de las aportaciones de los socios españoles y por otra asumir los roles de mamás, educadoras y consejeras. Ellas son los únicos referentes familiares
que tienen las chicas y saben que de su esfuerzo diario depende la vida de todas estas menores. De su mano las adolescentes aprenden a ser responsables, a cuidar de sus bebés y a colaborar en las tareas diarias propias de un hogar.
El albergue recibe con frecuencia a voluntarios que vienen a compartir durante unos meses su tiempo y habilidades, también cuenta con la ayuda de personas que desde España colaboran generosamente en tareas internas de la asociación como la página web, el voluntariado o la tesorería. Y también desde Chincha contamos con hadas y duendes que imparten talleres en el albergue y efectúan donaciones puntuales de material escolar, ropa o zapatos.
Desde estas líneas quiero expresar mi gran admiración y agradecimiento a todas las personas, que tanto desde España como desde Perú, ponen su granito de arena para co-crear juntos este Hogar y hacer posible que todas estas niñas salgan adelante y un día puedan hacer vidas normales y ser felices.

 

Autora: Sol García Zato

Facilitadora de Biodanza, periodista y madre.
Teléfono de contacto para el lector: 00 1 948169855 (Chincha, Perú)
 
 
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