Nuestra gran R-Evolución

Puede que no te hayas dado cuenta, pero tanto tú como yo, estamos conectados a un transistor. Así es. Una radio que siempre está encendida y retransmite, según en la frecuencia que esté programada, una serie de mensajes. Este aparato invisible está dentro de cada uno de nosotros, y como tal, forma parte del conjunto de nuestro cuerpo.
El transistor del que te hablo, tiene la misma función que una radio al uso: transmitir mensajes y contenidos varios. Se dice que la radio suele ser una segunda actividad. Ya que, escuchamos la radio mientras realizamos otras tareas: conducir, trabajar, cocinar, limpiar, etc. Por tanto, aunque nuestra atención esté puesta en la actividad que estamos desempeñando, lo cierto es que los mensajes que transmite no pasan inadvertidos para nuestro inconsciente.

Ahora coge este ejemplo y llévalo a ti. A tu transistor interior. Todos nosotros estamos conectados a un aparato que emite mensajes continuamente. Te aseguro que aunque no lo puedas ver, existe. Como existen nuestros órganos vitales, músculos y sucesivos elementos internos que forman parte de nuestro cuerpo humano. Éste, es uno de más de ellos. Siempre permanece encendido, alerta y emitiendo mensajes, mientras  realizamos una, dos o tres actividades a la vez. De hecho, lo hace las 24 horas al día.

Este aparato invisible que te comento es lo que comúnmente conocemos como la mente. En nuestra mente habitan un sin fin de pensamientos, que creamos inconscientemente a diario. De hecho, estudios científicos han demostrado que somos capaces de generar más de 60.000 pensamientos al cabo del día. ¡Fíjate lo que es capaz de crear nuestra mente!
Aunque estos pensamientos que generamos, para nuestra desgracia, suelen ser negativos, repetitivos y, en la mayoría de los casos, anclados en momentos del pasado: “lo que pudo haber sido y no fue”; en momentos del futuro: “qué pasará si…”; o en circunstancias que no han ocurrido: “y si me echan del trabajo, y si suspendo el examen, y si…” Es decir, en situaciones en las que no tenemos ningún control ni dominio en el momento presente, pero que nos perturban.
Puedes ver este aluvión de mensajes como nuestra gran interferencia humana.  Así es. Un ruido constante que generamos nosotros para con nosotros. Y como verás, se trata de una melodía muy engañosa, ya que al no tener conciencia de que existe en nuestro interior…finalmente somos dominados por la máquina. ¡Fuerte! ¿verdad?

Somos máquinas creadoras de pensamientos limitantes. No lo digo yo. Lo dice la experiencia de la vida. Y si lo prefieres, también los científicos sabelotodo.

Estos pensamientos, también llamados interferencias, tienen una clara misión: esconder nuestro potencial. Así, como lo estás leyendo. Todos y cada uno de nosotros, tenemos un gran potencial interior. Créelo porque es verdad. Nuestro potencial, como explica  Antonio Blay, está compuesto de inteligencia, de energía y de amor. Estos 3 elementos, aunque no los sepas, ya están en ti, dentro de cada uno de nosotros, y componen nuestra autenticidad.

Para que te resulte más sencillo. Imagínate cómo te mostrarías al mundo si no sintieras nunca miedo, ni inseguridad, ni dudas, ni inquietud, ni cualquier temor que te haga frenarte internamente. Imagínate que te da igual realmente lo que el mundo piense o diga de ti. Imagínate que tienes esa capacidad invencible de sentirte auténticamente tú. Como si una gran fuerza saliera de ti y te hiciera inmune a tu propia mente. Eso que sentirías sin todas estas capas grisáceas adosas a ti, sin esa interferencia, eso es precisamente la autenticidad o potencial que está en ti.

Puede que te estés preguntado ahora: Vale. Si tengo ese potencial ¿por qué se producen estas interferencias? Bueno, existen muchas respuestas al respecto. A mi me gusta hablar de contaminación acústica para referirme a este proceso.

La contaminación acústica es lo que se genera como consecuencia de un ruido ensordecedor provocado por el claxon social, y también por el claxon individual. Dicho de otro modo. Estamos rodeados de ruido. Mucho ruido, que proviene de fuera y también de dentro.

El ruido social es el que escuchamos permanentemente del exterior: las amenazas a las que nos enfrentamos (reales o imaginarias), las situaciones de peligro, de crisis, de guerras, también de esas reglas sociales que debemos acatar,  lo que debemos conseguir, lo que se espera de nosotros, es decir, con todo aquello que la sociedad ha establecido para nosotros. Y este ruido o interferencia social, entra directamente en conflicto con nuestro verdadero potencial. Tal cual.
Y como consecuencia de ello, nuestra aparato mental nos pone en alerta, retransmitiendo la frecuencia de mensajes idónea para impedir ser como nos de la real gana de ser. Como el león sordo que viene a fastidiar la fiesta. Estemos en la situación que estemos, nuestra mente está programada para hacernos creer en el miedo, la inseguridad, las dudas sobre si es o no lo correcto, la necesidad de reconocimiento y de valía, de competitividad, la búsqueda de aplausos, felicitaciones, o en tiempos modernos: obtener más LIKES en Facebook e Instagram.
Pero aún hay más. También existe el ruido interior. Este que generamos nosotros mismos contra nosotros mismos. Este ruido interior, también llamado Ego, es una clara demostración de interferencias limitantes que nos alejan de nuestro potencial.
Cada uno de nosotros genera un tipo de mensajes de acuerdo a su experiencia vital y/o al momento vital que se encuentra.  Los hay de todo tipo: “no seré capaz de hacerlo”, “soy demasiado mayor/joven para esto”, “cómo voy a estar soltero/a a mi edad”, “qué pensarán o dirán de mi”, “sé que tengo que hacerlo, pero no me atrevo”, “tengo miedo a decir o expresar lo que pienso”, “cómo voy a atreverme a dejar mi trabajo con esta crisis”… Y un larguísimo etc. Hasta 60.000 puedo escribir.

Esto que lees es lo que tu mente reproduce a diario dentro de ti. Puede que seas consciente de algunos de ellos, pero estoy segura que muchos pasan inadvertidos para ti. En ocasiones, el volumen de la radio es tan intenso, que termina por dominarnos por completo, haciéndonos creer que lo que escuchamos es verdad, aunque sea una auténtica mentira, más grande que un pino.
Permíteme decirte que esto que te ocurre a ti, también afecta a todos y cada uno de los seres humanos de este planeta. El conflicto interior que te comento, es la disonancia que se produce entre dos partes:

  • Lo que soy realmente (potencial)
  • Lo que pienso que soy (mente)

La disonancia es ese choque titánico entre la autenticidad y el potencial que soy, frente a lo que mi mente me hace creer o temer. Y el resultado de dicho encuentro, siento decirte, suele ser el triunfo de la mente. Lo sé, fastidia mucho perder. Pero para tu consuelo te diré que ni si quiera sabías que este choque se estaba produciendo dentro de ti. Vale, aceptamos pulpo.

Aquí es donde quería llegar. Exactamente al punto en el que nos damos cuenta que hemos estado luchando en una batalla, recibiendo duros golpes, sucios y despiadados…Y hemos perdido. Está claro. No teníamos ni idea que librábamos ese conflicto internamente. Sólo hemos sido capaces de ver las secuelas de la derrota, es decir, la apariencia. Esa apariencia que sentimos a través del miedo, el temor, las dudas, las inseguridades ante aquellas situaciones reales o imaginarias, que nuestra mente genera.

La buena noticia, siempre hay una buena, créeme. Es que NO HAY NADA IMPOSIBLE. Ni si quiera el poder dominar nuestra mente.

Por si no te has dado cuenta, somos seres en constante cambio y evolución. Creo que hemos tenido una concepción equivocada sobre lo que significa realmente evolucionar. Nuestro paso por aquí, va mucho más allá de lo que se nos ha hecho creer hasta ahora: nacemos, crecemos, nos reproducirnos y morimos. The End (fin).
Esto es una forma limitante de vernos a nosotros mismos como especie evolutiva. Porque aunque no lo sepas: hay algo más que todo eso. ¡Mucho más que hacer aquí!

Demostrar vs Mostrarme, formas de ser
Llegados a este punto, es importante saber que existen dos formas de ser en la vida: Demostrar o Mostrarme.  Aunque suenen similares, te aseguro que son dos concepciones vitales totalmente opuestas.

Primera forma de ser: Demostrar al mundo quien soy, que hago, que tengo, que consigo…
Esta perspectiva evolutiva, demostrar, está condicionada y dominada únicamente por nuestra mente. Lo que nos hace tener que disfrazarnos (es decir, no ser nosotros mismos) para poder adaptarnos a la sociedad. Así es. Con esta perspectiva vivimos en un prolongado carnaval. Adoptamos un traje para poder adaptarnos y sobrevivir al entorno. El cuál nos dice lo que debemos hacer, pensar, tener, perseguir y luchar para conseguir “hacernos un hueco”. Como si el mundo no fuera lo suficiente grande para caber todos. Esta perspectiva de supervivencia pasa por la necesidad de tener que ser alguien, de justificar nuestra existencia ante nosotros mismos y los demás, de demostrar nuestra valía, para así poder ser aceptados  por la manada (social).

Segunda forma de ser: Mostrarme tal cual soy (potencial y autenticidad)
Aunque no lo creas, existe otra alternativa a la perspectiva anterior. Esta pasa por cambiar el paradigma hacia fuera (demostrar) y hacerlo desde dentro (mostrar). El cambio es sustancioso.

Lo primero que debemos saber ante el cambio de perspectiva es que el disfraz que has tenido puesto, ya no te sirve, puedes tirarlo o subirlo a Wallapop. Como prefieras.

Lo segundo es grabarte con permanente esta frase: NO TENGO QUE DEMOSTRAR NADA A NADIE (ni tampoco a ti mismo).

No le debes nada a nadie y tampoco Nadie te debe nada a ti. Aquí viajamos con mochila ligera, sin cargas ni obligaciones morales. Los dogmas sociales y obedecimientos no tienen cabida cuando adaptamos esta nueva perspectiva. La de MOSTRARNOS tal cual somos.
Porque como te he dicho antes, ya somos alguien. Ya hay en ti ese potencial, esa autenticidad. Simplemente necesitamos reconocerla para MOSTRARNOS. Deja de perseguir, por tanto, la falsa perfección. No hay que ser perfectos con esta perspectivo, sino auténticos. No importa si los resultados no son los que esperabas, ni si tu imagen o envoltorio es perfecto. Nada de eso es importante. Esos son sólo juicios y machaques que nuestro ego se ha encargado de enquistarnos dentro. No te quedes inmóvil ante la necesidad de buscar la perfección en ti y aceptación en los demás…Simplemente sé tú.

Centra tu atención en que todo aquello que sientas, digas, hagas, pienses y acciones en ti sea auténtico, porque así, todo lo que ocurre a tu alrededor, será menos importante para ti.

¿Cómo se produce el cambio de perspectiva?
El cambio de perspectiva entre demostrar y mostrar, pasa inequívocamente por dominar nuestra mente, o si lo prefieres, por silenciar a ese transistor interior. Este es el gran salto evolutivo de nuestra especie para avanzar más y más como individuos, y por ende, como sociedad. Y este salto cuántico, se produce únicamente dentro de cada uno de nosotros: en la conquista individual se consigue nuestra  gran R-EVOLUCIÓN.

La gran R-Evolución: Evolucionar por dentro para Revolucionar fuera. Si somos capaces de dominar nuestra parte interior, podremos mostrarnos tal y como somos al exterior, y por tanto, todo esos dogmas ancestrales y dominantes que dicta la sociedad, podremos hacerlos temblar, cuestionar, quebrantar sus cimientos, para crear así una verdadera R-Evolución social. La que nace dentro de cada uno de nosotros. Porque cada uno de nosotros no necesitará demostrar nada, sino que podrá mostrar lo que es, su verdadero potencial.
Pero esta lucha, como te digo, es algo personal y silenciosa, no esperes aplausos ni felicitaciones del exterior. Este reconocimiento sólo te lo darás tú. Será únicamente tu deseo de querer evolucionar y revolucionar, lo que te permita librar tu batalla contra el transistor. Sólo de este modo, podrás mostrar tu autenticidad. Y quien sabe, puede que incluso sirvas de inspiración a otras personas.

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Anna Alonso

Email: annaalonsopardo@gmail.com en Anna Alonso Pardo
Soy una defensora del bienestar y equilibrio personal, de la fuerza interior que todos tenemos para combatir los escenarios injustos y adversos, que encontramos en la vida. ¡Todo empieza por despertar!

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