REFLEXIÓN SOBRE EL 8 DE MARZO 2018

¡¡Gracias, gracias y gracias!! Quiero comenzar esta reflexión dando las gracias, de corazón, a todas aquellas mujeres y a todos aquellos hombres que el pasado 8 de Marzo salieron a las calles.

Gracias por despertar. Gracias por uniros para construir una sociedad alejada del miedo y temor. Como sabemos, aún son muchas las mujeres que temen ser golpeadas por hombres. A día de hoy, aún sigo escuchando testimonios personales de mujeres que cuentan como sus exparejas les arrebataron lo más sagrado de sí mismas, su dignidad.  Les denigraron y se sintieron sumamente humilladas. Ellas buscaban amor y sólo obtuvieron desgarro, por eso hoy os digo: GRACIAS, GRACIAS por caminar a nuestro lado.

Con este legendario 8 de Marzo ha quedado patente que las mujeres hemos elegido construir una nueva era, un nuevo ciclo donde el respeto a nosotras mismas es un factor indispensable. Porque no debiéramos olvidar que para que se produzca cualquier cambio, es necesario que nos reconozcamos como personas merecedoras y nosotras sabemos que nos merecemos mucho más que la mera desigualdad.

Las mujeres somos una parte indispensable, somos una pieza clave para que el equilibrio se produzca. Por eso es importante que no se acalle nuestro deseo de querer contribuir y formar parte de esta sociedad de forma igualitaria y justa.

Si lo meditas bien, te darás cuenta que la esencia femenina es la que crea la vida. La esencia femenina arropa, equilibra, crea lazos, cuida. La fuerza femenina implica unión, es maternal, desea cuidar, crear comunidad, unificar y amar. Esta es la verdadera esencia femenina. Y el mundo necesita de ella.

Si te paras a observar a una mujer pura, una mujer que ha dejado atrás sus inseguridades, sus temores, sus miedos, su ego, te das cuenta que la esencia que la envuelve no es la de competir, rivalizar, sentirse insegura. Su esencia es la entrega absoluta. Una mujer pura se entrega a dar amor, se entrega a la conciliación. De ahí, la importancia y la responsabilidad individual que las mujeres tenemos para con nosotras mismas. Necesitamos romper las cadenas del miedo, del temor, de las inseguridades para dejar florecer nuestra auténtica esencia: la capacidad de conciliar y amar.

Llegado a este punto, no quisiera obviar la presencia masculina que nos acompañó este estremecedor 8 de Marzo. Fueron muchos hombres los que tendieron puentes, nos acompañaron y nos alentaros. Fueron muchos hombres los que decidieron caminar a nuestro lado, no podemos menospreciar este gesto que para mí, fue precioso.

Fue bonito percibir a hombres cómplices, hombres que han tomado consciencia que nuestro sistema sociocultural no ha sido justo con nosotras. Las mujeres, a lo largo de nuestra trayectoria, hemos tenido que luchar para conseguir derechos que a los hombres les fueron dados. Nacer hombre, en épocas anteriores, implicaba contar con derechos que a la mujer se le negaba.

Desde su nacimiento, los hombres contaban con el derecho exclusivo de poder votar, nunca tuvieron trabas ni impedimentos. Las mujeres por el contrario, conseguimos este derecho en el siglo XIX. En España para ser exactos-as, lo conseguimos en el año 1933 –sufragio femenino-.

Los hombres nacieron con el derecho de poder acceder al sistema educativo, mientras que las mujeres, como bien nos enseñó Virginia Woolf, no tenían derecho a ir a la escuela aunque su ansia por saber y aprender, les devorase por dentro. Las mujeres, también tuvieron que luchar para conseguir este derecho.

Los hombres, por su condición masculina, han tenido derecho a acceder al ámbito laboral sin cuestionamiento alguno, las mujeres como sabéis, necesitaron ganárselo con luchas y desgarro.

Los hombres han contado con facilidades para alcanzar puestos de mando y poder, las mujeres han sido cuestionadas para estos cargos, aunque cierto es, que lo estamos logrando.

Los hombres no han estado relegados a ser vistos como meros objetos, no han sufrido los mandatos sociales sobre su deber de ser perfectos en apariencia. Nosotras aún estamos luchando por quitarnos las cadenas de la cosificación. Porque como sabréis, las mujeres hemos estado relegadas al plano de la cosificación y esto significa ser vistas como meros objetos, como meros cuerpos.

Las mujeres a lo largo de la historia,  hemos tenido que conseguir nuestros derechos con mayor esfuerzo y coraje, es una realidad palpable, los datos históricos así lo demuestran y los testimonios de muchas mujeres lo corroboran. Por tanto, cómo no vamos a sentirnos orgullosas de nosotras mismas con todo el camino que hemos recorrido y con todos los logros que hemos conseguido. Si es que pensar en este  mérito me sobrecoge.

Cómo no vamos a amarnos después de la fortaleza que ha irradiado por la piel de cada una de las mujeres que se enfrentaron a los condicionantes sociales de su época. Cómo vamos a trivializar el movimiento feminista si gracias a él, las mujeres hemos ido consiguiendo derechos igualitarios.  No podemos olvidar que el feminismo fue la pieza angular que impulsó e hizo posible que las mujeres nos uniésemos para conseguir nuestros derechos. El feminismo fue sin duda, un movimiento social que marcó un punto de inflexión en nuestra historia.

Así que para terminar, tal y como empecé diciendo: Gracias, gracias y gracias. Me siento sumamente agradecida de poder ser parte de esta UNIÓN tan auténtica. Me siento afortunada por vivir este momento donde se manifiesta el amor y el respeto que las mujeres estamos dándonos. Porque salir a las calles y manifestar lo que reclamamos es un acto de amor, un acto de reclamar que no estamos dispuestas a aceptar la desigualdad.

De nuevo doy las gracias a aquellos hombres que salisteis y nos acompañasteis, siento que habéis entendido que nuestro mensaje y nuestro fin, no es suplantaros. Gracias por no sentiros atacados ni amenazados. Esta no es una lucha contra vosotros, es una lucha por lo que merecemos. Gracias por valorar nuestra fortaleza y valentía y por ver en nosotras, nuestro deseo de cambio.

Y a vosotras mujeres, gracias por demostrarme que no hay nada más valioso que la unión conjunta entre nosotras, que necesitamos las unas de las otras en el sentido de caminar hacia el mismo fin. Gracias por enseñarme que la valentía, el coraje, la fortaleza también es cosa de mujeres. Gracias por romper estereotipos de géneros que nos han tenido reducidas a creer que ser mujer implica ser débil, insegura, competitiva. Este 8 de Marzo se demostró que la identidad y fuerza femenina es sumamente necesaria.

The following two tabs change content below.

Eugenia Gil

Tlfno: +34 669 922 943 / Email: eugeniagilpascual@gmail.com en Aprendiendo a Ser
Vivir, ser y sentirnos todas realmente libres en el mundo es posible si así lo queremos. Juntas somos más y podemos conseguirlo. Las injusticias que tú vives, son también las mías.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *