«Soy feminista, y estoy tratando de dejar de ser sexista»

SOY FEMINISTA

Hola, me llamo Irene, soy feminista y también soy sexista. ¿Cómo? ¿Una mujer sexista? Pues sí, me ha costado mucho reconocerme como ambas cosas… ¿parece contradictorio, no? Lo es, tan contradictorio como lo somos los seres humanos.
Vayamos por partes: desde niña resulta que yo era feminista y no sabía que tenía ese nombre. A mí me gustaba el deporte, correr, estar cómoda… pasaba de los libros a los juegos de acción, a veces jugaba con muñecas y otras al fútbol. En general no tenía mucha paciencia y era nerviosa, así que no se me daban bien cosas como hacer punto o manualidades. Por eso, me gané un «interesante» adjetivo: marimacho. Era la única definición que conocía para alguien que reclama poder hacer lo que le gusta y vestirse como le gusta, independientemente de las reglas arbitrarias que no sabía quién había inventado ni nadie me razonaba por qué existían. Tampoco se me daba bien seguir órdenes sin entender los motivos, así que me autodenominé marimacho y seguí con mi vida. Ahí empecé a ser sexista, también sin saberlo.
Así pasaron los años, y las contradicciones fueron en aumento. Seguía defendiendo y luchando por tener las mismas oportunidades, los mismos derechos y el mismo trato que se le dispensaba a un chico, pero a la vez asumí cosas como el ser puta por vivir mi sexualidad de la forma que me satisfacía, el ser madre como una obligación futura que no podía eludir para realizarme como persona, el tener novio como meta en la vida… Así, me convertí en una feminista sexista, y seguía sin darme cuenta de ello. Para mí lo importante era «ser como un hombre» (fuerte, sin mostrar sentimientos, entre otros estereotipos), un error de planteamiento en toda regla. ¿No se puede ser fuerte como mujer? ¿Los hombres no muestran sus sentimientos?
El abrir los ojos me ha llevado mi tiempo, y puedo decir que sigo trabajando en ello. Gracias a los estudios de género que formaban parte de mi carrera universitaria, a escritoras y artistas actuales como Caitlin Moran (autora, entre otros, del libro Cómo ser mujer), Alicia Murillo (artista multidisciplinar), Lena Dunham (actriz y creadora de la serie de televisión Girls, entre otros) o la escritora bajo el pseudónimo de Barbijaputa y a mis propias experiencias y las de mi entorno, empecé a replantearme mis ideas (muchas de ellas bastante incongruentes) y a comprender que aquellas actitudes e ideas machistas y sexistas que veía tan claramente en los demás estaban también en mí, en los juicios que emitía sobre mi alrededor o en mi forma de actuar. Entendí entonces que el feminismo, ese movimiento nacido en la época de la Ilustración, seguía teniendo sentido y vigencia en el Siglo XXI mientras no exista una igualdad real entre hombres y mujeres (brechas salariales, desigualdad en el trabajo doméstico, etc.) y mientras no fuéramos capaces de liberarnos de prejuicios e ideas limitantes y por tanto educarnos como sociedad para modificar nuestras estructuras y dar paso a otras más equitativas, más respetuosas con el otro.
Parece necesario hacer un trabajo individual de observación y deconstrucción para poder cambiar como sociedad, y os aseguro que es algo tan desagradable como esencial. A nadie le gusta sentarse a ver sus contradicciones, cómo exige de distinta manera a un niño o a una niña, cómo se somete a un hombre o cómo espera de una mujer que se someta, cómo siente envidia o un complejo de inferioridad cuando una mujer tiene una carrera profesional más exitosa o gana más dinero, cómo juzga a una mujer por su vida sexual o sus relaciones personales, cómo se beneficia de una gran cantidad de privilegios históricos y actuales por el mero hecho de haber nacido hombre… para qué nos vamos a engañar, no es plato de gusto. Por eso, lanzo una pregunta al aire: si no soy capaz de ver y cambiar el sexismo en lo cotidiano, si no ataco los micromachismos, ¿cómo voy a poder construir una sociedad basada en la igualdad que propone el feminismo?

Hoy por hoy, sigo siendo feminista y sigo siendo sexista, pero prometo seguir trabajando en ello.

feminismo

  1. m. Ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres.

sexismo

  1. m. Discriminación de las personas por razón de sexo.

 

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Irene Z.

Mi compromiso con escribir sobre la verdad lo llevo en tinta en un costado. Como dijo Gandhi: «Si estás en lo cierto y lo sabes, di lo que piensas. Aunque seas una minoría de uno, la verdad sigue siendo la verdad».

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