Tenemos lo que elegimos

En el artículo de hoy partimos de una idea que nos resulta muy acertada para comprender el asunto que pretendemos exponer. Sabemos, que la sociedad se construye de acuerdo a las elecciones y acciones que hacemos los-as ciudadanos-as de forma individual. De tal modo que, cada persona con nuestras elecciones y acciones, contribuimos al desarrollo de una sociedad determinada. Lo que venimos a decir por tanto, es que nuestras elecciones generan efectos a nivel social.

Si extrapolamos esta idea al ámbito social actual, y concretamente, a nuestro sistema de gobierno, podemos percatarnos como, las elecciones  de ciudadanos y ciudadanas – en este caso traducidas en términos de votaciones al partido de gobierno actual – han marcado el desarrollo de una sociedad caracterizada, actualmente, por el deterioro social. Y cuando hablamos de deterioro, nos referimos al descontento y apatía existente. Estamos ante una situación donde el gobierno ha sido y es partícipe en tramas de corrupción, que si bien algunos-as las toman como casos aislados, lo cierto es que su existencia nos revela, sin duda, la necesidad de decir: Basta. Basta por los abusos de poder a los que estamos expuestos-as. Basta por hacernos creer que las medidas de austeridad son el paso previo a la recuperación y desarrollo económico. Basta por generar artimañas que escondan la Verdad. Basta por vuestra concepción de tener que recortar derechos sociales y coartar libertades.

Sin embargo, lo llamativo de este asunto no sólo reside en tener un gobierno con casos de corrupción manifiestos, sino que lo que resulta sumamente sorprendente y decepcionante, es que existan personas que a sabiendas de haberlos votado sigan recreando argumentaciones en post y a favor de este Gobierno. En otros países europeos, como los países nórdicos o Portugal, existe la exigencia de que cuando un político o partidos políticos, son salpicados por casos de corrupción, automáticamente han de dimitir. De forma tajante son excluidos del ejercicio político.

Pero en nuestro país, en España, en lugar de existir la mentalidad unánime de exigir nuestros derechos como ciudadanos-as, un derecho que permita reconocernos como personas que merecen respeto y transparencia, lo que sucede es que la corrupción no sirve de precedente ni de causa de peso para poner fin y exigir el fin de un partido político o peor aún, del gobierno actual. No, en nuestro caso, ocultamos verdades, eludimos evidencias y encima, continuamos alimentando la trama como si el asunto no fuese con nosotros-as, como si evitándolo dejase de tener valor.

Pero, ¿qué está sucediendo para no querer despertar? ¿Qué más pruebas se necesitan para mostrar que estamos siendo gobernados por un  gobierno que ha mostrado estar constituido por personas egoístas y avaras, y que tratan de quedarse con dinero que no les pertenece? ¿Qué más evidencias necesitamos? Recordemos siempre que la misión de todo Gobierno ha de ser actuar en pro del Bien Ciudadano, del Bien Común.

¿De verdad consideráis que merecemos tener como líderes a personas que en lugar de servirnos como referentes, se convierten en personas que caminan en contra del Bien Común, que aprovechan sus posiciones de poder poniendo trabas al desarrollo de nuestra sociedad?

Sólo hay que mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta de que nuestra sociedad, nuestro modelo de sociedad actual, no funciona como debiera. A pesar de que hay quienes consideran que es mejor hacer la vista gorda, lo único cierto es que todos-as tenemos la responsabilidad individual y moral de contribuir a construir un modelo de sociedad distinto. Este modelo ya no nos sirve, este modelo daña nuestra dignidad como seres humanos. Por tanto, el primer paso es revelarse. No resignarse a asumir como natural este hacer político. La resignación trae pasividad y eso se traduce en una derrota aplastante, una derrota que nos coarta las esperanzas de un futuro mejor.

Así pues, dejemos de mirar hacia abajo y despertemos, dejemos de quedarnos con un gobierno que no camina en pro del Bien Común. Seamos valientes y aprendamos a dejar ir aquello que ya no nos sirve. Aprendamos a querernos más y no naturalizar la corrupción porque la corrupción no tiene que ser premiada u obviada, al contrario, ha de ser castigada. Elijamos de forma diferente, porque sólo eligiendo el NO a lo que tenemos, podemos construir una sociedad más digna para todos-as.

 

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Alicia A

Como Psicóloga especializada en Investigación e Intervención Psicosocial siento un enorme deseo por promover y favorecer la justicia social, formar parte de la construcción de un modelo social que proteja y ampare, que busque el bienestar común.

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